Es necesario el amor a la verdad

Alde

Miembro del Jurado/Amante apasionado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
El que quiera seriamente disponerse a la búsqueda de la verdad deberá preparar, en primer lugar, su mente a amarla; porque el que no ame a la verdad no se afanará demasiado por conseguirla, ni se apenará mucho cuando se le escape.

Nadie hay entre los que se dedican a la ciencia que no esté convencido asimismo de que ama a la verdad, y ni una sola criatura racional dejaría de tomar como un insulto que se pensara de ella de otra manera.

Y, sin embargo, uno no puede decir realmente que son muy pocos los que aman la verdad, en cuanto a verdad en sí misma, incluso entre los que están persuadidos de que lo hacen. Merece la pena saber cómo un hombre puede conocer si ama en realidad la verdad, y creo que sobre esto hay una prueba infalible: el no abrazar ninguna proposición con mayor seguridad de lo que sus pruebas lo permiten.

Porque la evidencia de que cualquier proposición es verdadera (excepto las que son de suyo evidentes) como tan sólo depende de las pruebas que tenga un hombre, cualquier verdad que no se posesione de nuestras mentes mediante la luz irresistible de la evidencia misma, o por medio de la fuerza de la demostración, los argumentos son las garantías que nos permiten medir la probabilidad que tienen para nosotros.

En la medida en que nosotros mismos consideramos que alcanzamos la verdad y la razón, en esa misma medida alcanzamos un conocimiento real y verdadero. El hecho de que en nuestro cerebro circulen las opiniones de otros hombres, por más que sean verdaderas, no nos hace ni un ápice más conocedores. Lo que en ellos fue ciencia, en nosotros no supone sino obstinación mientras otorguemos consentimiento reverentemente a un nombre y no utilicemos, como aquellos hicieran, la razón para comprender las verdades que los hicieron famosos.

Aristóteles fue, en verdad, un hombre de extensos conocimientos; pero nadie pensó que fuera un sabio porque hubiese abrazado ciegamente las opiniones de otro y las sostuviese confiadamente. Y si no hizo de él un filósofo el tomar sin examen los postulados de otra persona, supongo que eso tampoco convertirá en filósofo a ningún otro.

En las ciencias, cada uno posee tanto como en realidad sabe y comprende: lo que se cree y acepta solamente bajo palabra no son sino fragmentos que, aunque resulten muy valiosos cuando se ensamblan en la pieza entera, poco aumentan el capital de quien los recoge. Semejante riqueza prestada, como el dinero en los cuentos de hadas, aunque sea oro en mano de quien lo recibe, se transformará en hojarasca y polvo cuando se intente emplear.

JL
 
El que quiera seriamente disponerse a la búsqueda de la verdad deberá preparar, en primer lugar, su mente a amarla; porque el que no ame a la verdad no se afanará demasiado por conseguirla, ni se apenará mucho cuando se le escape.

Nadie hay entre los que se dedican a la ciencia que no esté convencido asimismo de que ama a la verdad, y ni una sola criatura racional dejaría de tomar como un insulto que se pensara de ella de otra manera.

Y, sin embargo, uno no puede decir realmente que son muy pocos los que aman la verdad, en cuanto a verdad en sí misma, incluso entre los que están persuadidos de que lo hacen. Merece la pena saber cómo un hombre puede conocer si ama en realidad la verdad, y creo que sobre esto hay una prueba infalible: el no abrazar ninguna proposición con mayor seguridad de lo que sus pruebas lo permiten.

Porque la evidencia de que cualquier proposición es verdadera (excepto las que son de suyo evidentes) como tan sólo depende de las pruebas que tenga un hombre, cualquier verdad que no se posesione de nuestras mentes mediante la luz irresistible de la evidencia misma, o por medio de la fuerza de la demostración, los argumentos son las garantías que nos permiten medir la probabilidad que tienen para nosotros.

En la medida en que nosotros mismos consideramos que alcanzamos la verdad y la razón, en esa misma medida alcanzamos un conocimiento real y verdadero. El hecho de que en nuestro cerebro circulen las opiniones de otros hombres, por más que sean verdaderas, no nos hace ni un ápice más conocedores. Lo que en ellos fue ciencia, en nosotros no supone sino obstinación mientras otorguemos consentimiento reverentemente a un nombre y no utilicemos, como aquellos hicieran, la razón para comprender las verdades que los hicieron famosos.

Aristóteles fue, en verdad, un hombre de extensos conocimientos; pero nadie pensó que fuera un sabio porque hubiese abrazado ciegamente las opiniones de otro y las sostuviese confiadamente. Y si no hizo de él un filósofo el tomar sin examen los postulados de otra persona, supongo que eso tampoco convertirá en filósofo a ningún otro.

En las ciencias, cada uno posee tanto como en realidad sabe y comprende: lo que se cree y acepta solamente bajo palabra no son sino fragmentos que, aunque resulten muy valiosos cuando se ensamblan en la pieza entera, poco aumentan el capital de quien los recoge. Semejante riqueza prestada, como el dinero en los cuentos de hadas, aunque sea oro en mano de quien lo recibe, se transformará en hojarasca y polvo cuando se intente emplear.

JL
A todos nos asiste una parte de la razón y una parte de la verdad según nuestra perspectiva y forma de ver las cosas, la razon total no es propiedad de una sola persona, lo ideal es compartir enfoques, aprender unos de otros, compartir en definitiva, pero tú, amigo Alde nos lo expones de manera bella y certera y nos impulsas con tu arte a ser amantes de la verdad y a defenderla. Un placer visitarte querido amigo, besos para ti llenos de admiración, gratitud y cariño....muáááckssssss
 
El que quiera seriamente disponerse a la búsqueda de la verdad deberá preparar, en primer lugar, su mente a amarla; porque el que no ame a la verdad no se afanará demasiado por conseguirla, ni se apenará mucho cuando se le escape.

Nadie hay entre los que se dedican a la ciencia que no esté convencido asimismo de que ama a la verdad, y ni una sola criatura racional dejaría de tomar como un insulto que se pensara de ella de otra manera.

Y, sin embargo, uno no puede decir realmente que son muy pocos los que aman la verdad, en cuanto a verdad en sí misma, incluso entre los que están persuadidos de que lo hacen. Merece la pena saber cómo un hombre puede conocer si ama en realidad la verdad, y creo que sobre esto hay una prueba infalible: el no abrazar ninguna proposición con mayor seguridad de lo que sus pruebas lo permiten.

Porque la evidencia de que cualquier proposición es verdadera (excepto las que son de suyo evidentes) como tan sólo depende de las pruebas que tenga un hombre, cualquier verdad que no se posesione de nuestras mentes mediante la luz irresistible de la evidencia misma, o por medio de la fuerza de la demostración, los argumentos son las garantías que nos permiten medir la probabilidad que tienen para nosotros.

En la medida en que nosotros mismos consideramos que alcanzamos la verdad y la razón, en esa misma medida alcanzamos un conocimiento real y verdadero. El hecho de que en nuestro cerebro circulen las opiniones de otros hombres, por más que sean verdaderas, no nos hace ni un ápice más conocedores. Lo que en ellos fue ciencia, en nosotros no supone sino obstinación mientras otorguemos consentimiento reverentemente a un nombre y no utilicemos, como aquellos hicieran, la razón para comprender las verdades que los hicieron famosos.

Aristóteles fue, en verdad, un hombre de extensos conocimientos; pero nadie pensó que fuera un sabio porque hubiese abrazado ciegamente las opiniones de otro y las sostuviese confiadamente. Y si no hizo de él un filósofo el tomar sin examen los postulados de otra persona, supongo que eso tampoco convertirá en filósofo a ningún otro.

En las ciencias, cada uno posee tanto como en realidad sabe y comprende: lo que se cree y acepta solamente bajo palabra no son sino fragmentos que, aunque resulten muy valiosos cuando se ensamblan en la pieza entera, poco aumentan el capital de quien los recoge. Semejante riqueza prestada, como el dinero en los cuentos de hadas, aunque sea oro en mano de quien lo recibe, se transformará en hojarasca y polvo cuando se intente emplear.

JL


Yo tengo un problema. Creo que la verdad no existe. Es más, sé que no existe. Solo cuando tengamos conocimiento total sabremos la verdad. Cosa que no creo que lleguemos a tener pues somos hormigas, un poco más que hormigas.

Es necesario el amor a la justicia. Ese título, en mi opinión, es a lo que se han referido los filósofos, algunos sin saberlo.

Salud, compañero. Buen trabajo.
 
Última edición:
A todos nos asiste una parte de la razón y una parte de la verdad según nuestra perspectiva y forma de ver las cosas, la razon total no es propiedad de una sola persona, lo ideal es compartir enfoques, aprender unos de otros, compartir en definitiva, pero tú, amigo Alde nos lo expones de manera bella y certera y nos impulsas con tu arte a ser amantes de la verdad y a defenderla. Un placer visitarte querido amigo, besos para ti llenos de admiración, gratitud y cariño....muáááckssssss
Muchas gracias amiga por sus reflexivas y elocuentes palabras.
Siempre es un honor que me visite y la recibo con gratitud.

Saludos
 
Yo tengo un problema. Creo que la verdad no existe. Es más, sé que no existe. Solo cuando tengamos conocimiento total sabremos la verdad. Cosa que no creo que lleguemos a tener pues somos hormigas, un poco más que hormigas.

Es necesario el amor a la justicia. Ese título, en mi opinión, es a lo que se han referido los filósofos, algunos sin saberlo.

Salud, compañero. Buen trabajo.
Muchas gracias Évano por su visita y sus palabras.
Me honra conque haya expuesto su criterio.

Saludos
 
Es un buen ensayo dentro de su intención.

Pero no estimo que el término "amor" sea el correcto.

Comparemos el "amor" con el "apego" y el "respeto".

Veamos:
Debemos amar la verdad.
Debemos apegarnos a la verdad.
Debemos respetar la verdad.

Y si vez de la verdad ponemos a la libertad. ¿?
Veamos.

Debemos amar la libertad.
Debemos apegarnos a la libertad.
Debemos respetar la libertad.

Y finalmente, queda de ejercicio, usamos "mi verdad", "mi libertad", "su verdad" y "su libertad".

Es importante diferenciar las subjetividades de las abstracciones.
Y darle a la "verdad" la connotación de "sentimiento" o de "propiedad", rompe con la lógica del argumento.
De igual forma con el "amor" y el "respeto".

En fin. Hay mucho en qué meditar.

Saludos Alde.
 
Última edición:
Es un buen ensayo dentro de su intención.

Pero no estimo que el término "amor" sea el correcto.

Comparemos el "amor" con el "apego" y el "respeto".

Veamos:
Debemos amar la verdad.
Debemos apegarnos a la verdad.
Debemos respetar la verdad.

Y si vez de la verdad ponemos a la libertad. ¿?
Veamos.

Debemos amar la libertad.
Debemos apegarnos a la libertad.
Debemos respetar la libertad.

Y finalmente, queda de ejercicio, usamos "mi verdad", "mi libertad", "su verdad" y "su libertad".

Es importante diferenciar las subjetividades de las abstracciones.
Y darle a la "verdad" la connotación de "sentimiento" o de "propiedad", rompe con la lógica del argumento.
De igual forma con el "amor" y el "respeto".

En fin. Hay mucho en qué meditar.

Saludos Alde.
Muchas gracias dragon_ecu por su comentario y su criterio.
Es un honor recibirlo en mis líneas.

Saludos
 
El que quiera seriamente disponerse a la búsqueda de la verdad deberá preparar, en primer lugar, su mente a amarla; porque el que no ame a la verdad no se afanará demasiado por conseguirla, ni se apenará mucho cuando se le escape.

Nadie hay entre los que se dedican a la ciencia que no esté convencido asimismo de que ama a la verdad, y ni una sola criatura racional dejaría de tomar como un insulto que se pensara de ella de otra manera.

Y, sin embargo, uno no puede decir realmente que son muy pocos los que aman la verdad, en cuanto a verdad en sí misma, incluso entre los que están persuadidos de que lo hacen. Merece la pena saber cómo un hombre puede conocer si ama en realidad la verdad, y creo que sobre esto hay una prueba infalible: el no abrazar ninguna proposición con mayor seguridad de lo que sus pruebas lo permiten.

Porque la evidencia de que cualquier proposición es verdadera (excepto las que son de suyo evidentes) como tan sólo depende de las pruebas que tenga un hombre, cualquier verdad que no se posesione de nuestras mentes mediante la luz irresistible de la evidencia misma, o por medio de la fuerza de la demostración, los argumentos son las garantías que nos permiten medir la probabilidad que tienen para nosotros.

En la medida en que nosotros mismos consideramos que alcanzamos la verdad y la razón, en esa misma medida alcanzamos un conocimiento real y verdadero. El hecho de que en nuestro cerebro circulen las opiniones de otros hombres, por más que sean verdaderas, no nos hace ni un ápice más conocedores. Lo que en ellos fue ciencia, en nosotros no supone sino obstinación mientras otorguemos consentimiento reverentemente a un nombre y no utilicemos, como aquellos hicieran, la razón para comprender las verdades que los hicieron famosos.

Aristóteles fue, en verdad, un hombre de extensos conocimientos; pero nadie pensó que fuera un sabio porque hubiese abrazado ciegamente las opiniones de otro y las sostuviese confiadamente. Y si no hizo de él un filósofo el tomar sin examen los postulados de otra persona, supongo que eso tampoco convertirá en filósofo a ningún otro.

En las ciencias, cada uno posee tanto como en realidad sabe y comprende: lo que se cree y acepta solamente bajo palabra no son sino fragmentos que, aunque resulten muy valiosos cuando se ensamblan en la pieza entera, poco aumentan el capital de quien los recoge. Semejante riqueza prestada, como el dinero en los cuentos de hadas, aunque sea oro en mano de quien lo recibe, se transformará en hojarasca y polvo cuando se intente emplear.

JL
Detrás de una máscara de silencio y sombras,
se esconde el miedo a enfrentar la verdad.

Con ojos cerrados, intentamos escapar,
pero su voz susurra, un eco que nos despierta.

La verdad, un espejo que refleja nuestra esencia,
un recordatorio de lo que no queremos ver.

Pero si abrimos los ojos, enfrentamos el miedo,
y permitimos que la verdad nos ilumine el camino.

Así, encontramos la paz y la libertad que anhelamos,
y el miedo a la verdad se desvanece en el olvido.

Un abrazo, compañero.

Paco
 
El que quiera seriamente disponerse a la búsqueda de la verdad deberá preparar, en primer lugar, su mente a amarla; porque el que no ame a la verdad no se afanará demasiado por conseguirla, ni se apenará mucho cuando se le escape.

Nadie hay entre los que se dedican a la ciencia que no esté convencido asimismo de que ama a la verdad, y ni una sola criatura racional dejaría de tomar como un insulto que se pensara de ella de otra manera.

Y, sin embargo, uno no puede decir realmente que son muy pocos los que aman la verdad, en cuanto a verdad en sí misma, incluso entre los que están persuadidos de que lo hacen. Merece la pena saber cómo un hombre puede conocer si ama en realidad la verdad, y creo que sobre esto hay una prueba infalible: el no abrazar ninguna proposición con mayor seguridad de lo que sus pruebas lo permiten.

Porque la evidencia de que cualquier proposición es verdadera (excepto las que son de suyo evidentes) como tan sólo depende de las pruebas que tenga un hombre, cualquier verdad que no se posesione de nuestras mentes mediante la luz irresistible de la evidencia misma, o por medio de la fuerza de la demostración, los argumentos son las garantías que nos permiten medir la probabilidad que tienen para nosotros.

En la medida en que nosotros mismos consideramos que alcanzamos la verdad y la razón, en esa misma medida alcanzamos un conocimiento real y verdadero. El hecho de que en nuestro cerebro circulen las opiniones de otros hombres, por más que sean verdaderas, no nos hace ni un ápice más conocedores. Lo que en ellos fue ciencia, en nosotros no supone sino obstinación mientras otorguemos consentimiento reverentemente a un nombre y no utilicemos, como aquellos hicieran, la razón para comprender las verdades que los hicieron famosos.

Aristóteles fue, en verdad, un hombre de extensos conocimientos; pero nadie pensó que fuera un sabio porque hubiese abrazado ciegamente las opiniones de otro y las sostuviese confiadamente. Y si no hizo de él un filósofo el tomar sin examen los postulados de otra persona, supongo que eso tampoco convertirá en filósofo a ningún otro.

En las ciencias, cada uno posee tanto como en realidad sabe y comprende: lo que se cree y acepta solamente bajo palabra no son sino fragmentos que, aunque resulten muy valiosos cuando se ensamblan en la pieza entera, poco aumentan el capital de quien los recoge. Semejante riqueza prestada, como el dinero en los cuentos de hadas, aunque sea oro en mano de quien lo recibe, se transformará en hojarasca y polvo cuando se intente emplear.

JL
Prefiero buscar verdades, aunque me lleven por caminos inciertos y desafiantes, que abrazar una fe que consuela la ignorancia. La búsqueda de la verdad me hace más feliz, porque me permite crecer, aprender y entender el mundo de manera más profunda.

La fe puede proporcionar consuelo y comodidad, pero también puede limitar nuestra capacidad para cuestionar y explorar. La búsqueda de la verdad, por otro lado, me permite mantener la mente abierta, cuestionar las creencias establecidas y descubrir nuevas perspectivas.

En última instancia, la búsqueda de la verdad es un viaje que me hace más feliz, porque me permite vivir una vida más auténtica, más curiosa y más plena.

Un abrazo, compañero.

Paco
 
Detrás de una máscara de silencio y sombras,
se esconde el miedo a enfrentar la verdad.

Con ojos cerrados, intentamos escapar,
pero su voz susurra, un eco que nos despierta.

La verdad, un espejo que refleja nuestra esencia,
un recordatorio de lo que no queremos ver.

Pero si abrimos los ojos, enfrentamos el miedo,
y permitimos que la verdad nos ilumine el camino.

Así, encontramos la paz y la libertad que anhelamos,
y el miedo a la verdad se desvanece en el olvido.

Un abrazo, compañero.

Paco
Muchas gracias SOTOSOTO por sus palabras.
Es un honor que usted me hace con su visita.

Saludos
 
Prefiero buscar verdades, aunque me lleven por caminos inciertos y desafiantes, que abrazar una fe que consuela la ignorancia. La búsqueda de la verdad me hace más feliz, porque me permite crecer, aprender y entender el mundo de manera más profunda.

La fe puede proporcionar consuelo y comodidad, pero también puede limitar nuestra capacidad para cuestionar y explorar. La búsqueda de la verdad, por otro lado, me permite mantener la mente abierta, cuestionar las creencias establecidas y descubrir nuevas perspectivas.

En última instancia, la búsqueda de la verdad es un viaje que me hace más feliz, porque me permite vivir una vida más auténtica, más curiosa y más plena.

Un abrazo, compañero.

Paco
Muchas gracias SOTOSOTO nuevamente.
Honrado por sus reflexiones vigentes y cognoscitivas.

Saludos
 
El que quiera seriamente disponerse a la búsqueda de la verdad deberá preparar, en primer lugar, su mente a amarla; porque el que no ame a la verdad no se afanará demasiado por conseguirla, ni se apenará mucho cuando se le escape.

Nadie hay entre los que se dedican a la ciencia que no esté convencido asimismo de que ama a la verdad, y ni una sola criatura racional dejaría de tomar como un insulto que se pensara de ella de otra manera.

Y, sin embargo, uno no puede decir realmente que son muy pocos los que aman la verdad, en cuanto a verdad en sí misma, incluso entre los que están persuadidos de que lo hacen. Merece la pena saber cómo un hombre puede conocer si ama en realidad la verdad, y creo que sobre esto hay una prueba infalible: el no abrazar ninguna proposición con mayor seguridad de lo que sus pruebas lo permiten.

Porque la evidencia de que cualquier proposición es verdadera (excepto las que son de suyo evidentes) como tan sólo depende de las pruebas que tenga un hombre, cualquier verdad que no se posesione de nuestras mentes mediante la luz irresistible de la evidencia misma, o por medio de la fuerza de la demostración, los argumentos son las garantías que nos permiten medir la probabilidad que tienen para nosotros.

En la medida en que nosotros mismos consideramos que alcanzamos la verdad y la razón, en esa misma medida alcanzamos un conocimiento real y verdadero. El hecho de que en nuestro cerebro circulen las opiniones de otros hombres, por más que sean verdaderas, no nos hace ni un ápice más conocedores. Lo que en ellos fue ciencia, en nosotros no supone sino obstinación mientras otorguemos consentimiento reverentemente a un nombre y no utilicemos, como aquellos hicieran, la razón para comprender las verdades que los hicieron famosos.

Aristóteles fue, en verdad, un hombre de extensos conocimientos; pero nadie pensó que fuera un sabio porque hubiese abrazado ciegamente las opiniones de otro y las sostuviese confiadamente. Y si no hizo de él un filósofo el tomar sin examen los postulados de otra persona, supongo que eso tampoco convertirá en filósofo a ningún otro.

En las ciencias, cada uno posee tanto como en realidad sabe y comprende: lo que se cree y acepta solamente bajo palabra no son sino fragmentos que, aunque resulten muy valiosos cuando se ensamblan en la pieza entera, poco aumentan el capital de quien los recoge. Semejante riqueza prestada, como el dinero en los cuentos de hadas, aunque sea oro en mano de quien lo recibe, se transformará en hojarasca y polvo cuando se intente emplear.

JL

Vuelvo a este escrito para decir algo que quería.

Nadie está preparado para la verdad. Quizá psicópatas o gente asocial o sin sentimientos. La mente nos protege de la verdad.

Machado escribió:

Tu verdad? No, la verdad,
y ven conmigo a buscarla;
la tuya, guárdatela.

Señor Alde, debería escribir relatos de ficción, o no ficción. Creo que tiene mucho que ofrecer.

Salud2, compañero
 
Vuelvo a este escrito para decir algo que quería.

Nadie está preparado para la verdad. Quizá psicópatas o gente asocial o sin sentimientos. La mente nos protege de la verdad.

Machado escribió:

Tu verdad? No, la verdad,
y ven conmigo a buscarla;
la tuya, guárdatela.

Señor Alde, debería escribir relatos de ficción, o no ficción. Creo que tiene mucho que ofrecer.

Salud2, compañero
Muchas gracias nuevamente Évano.
Es un honor que usted me hace.

Saludos
 
Sobre lo que expones en tu buen ensayo, hay algo importante que hay que tener en cuenta: La ciencia ha alcanzado tal nivel que es prácticamente imposible que la inmensa mayoría de los individuos podamos comprender mínimamente muchas verdades científicas, por lo que para confirmar las verdades "verdaderas" o absolutas (aun sin entenderlas completamente) no nos queda más remedio que confiar e intuir en la información que recibimos, lo cual deja la verdad más en un "creo en lo que dicen la mayoría de entendidos" que en un criterio personal y razonado sobre esa verdad.
Y aquí surge siempre la corriente de escépticos, manipuladores, ignorantes y/o conspiranoicos que pondrán en duda hasta las verdades más demostradas.

Ya en otros aspectos de la cuestión, hay muchos tipos de verdades (las absolutas, las parciales, las potenciales, las que probablemente nunca conoceremos, etc); y algo muy peligroso (y habitual) es intentar relativizar o subjetivar aquellas que se rigen y demuestran por la razón y la lógica, algo por cierto fácil de hacer al "jugar" a relativizar o subjetivar esas mismas razón y lógica. En estos casos hay que intentar recurrir en lo posible a las razones o verdades científicas (aunque no siempre es posible)

Saludos, Alde.
 
Estuve revisando viejos borradores y se dieron varias coincidencias.
Los estudios de metacognición.
Los borradores del ensayo sobre inteligencia y aprendizaje.
La noticia de la compañía rusa comprando periodistas.
Y la guerra de informes de prisioneros de guerra.
...
Y me encuentro tu ensayo en posición top...

¿Será el destino una suerte no esperada?

Releo tu ensayo y confirmo lo que expresé inicialmente.

El amor a la verdad no puede oponerse al amor a la libertad o a otros valores humanos.

Además que la verdad es un concepto personal muy esquivo si no se alinea con los deseos.

Pero así es el mundo real y verdadero... aunque lo manipulen a conveniencia.

Un abrazo cordial Alde.
 
Última edición:
En este mundo cruel la mentira tiene más prensa.
La verdad nunca es cómoda, es dura pero también es belleza y sanidad. Necesaria en todos los vínculos.
Fue un gusto pasar por aquí, Alde.
Que tengas una bella semana.
Muchas gracias Cecilya por sus palabras reflexivas.
Es un honor recibir su visita.

Saludos
 
Sobre lo que expones en tu buen ensayo, hay algo importante que hay que tener en cuenta: La ciencia ha alcanzado tal nivel que es prácticamente imposible que la inmensa mayoría de los individuos podamos comprender mínimamente muchas verdades científicas, por lo que para confirmar las verdades "verdaderas" o absolutas (aun sin entenderlas completamente) no nos queda más remedio que confiar e intuir en la información que recibimos, lo cual deja la verdad más en un "creo en lo que dicen la mayoría de entendidos" que en un criterio personal y razonado sobre esa verdad.
Y aquí surge siempre la corriente de escépticos, manipuladores, ignorantes y/o conspiranoicos que pondrán en duda hasta las verdades más demostradas.

Ya en otros aspectos de la cuestión, hay muchos tipos de verdades (las absolutas, las parciales, las potenciales, las que probablemente nunca conoceremos, etc); y algo muy peligroso (y habitual) es intentar relativizar o subjetivar aquellas que se rigen y demuestran por la razón y la lógica, algo por cierto fácil de hacer al "jugar" a relativizar o subjetivar esas mismas razón y lógica. En estos casos hay que intentar recurrir en lo posible a las razones o verdades científicas (aunque no siempre es posible)

Saludos, Alde.
Totalmente de acuerdo Luis Libra.
Usted ha enriquecido el texto anterior con su profunda reflexión.
Honrado con su visita.

Saludos
 
Estuve revisando viejos borradores y se dieron varias coincidencias.
Los estudios de metacognición.
Los borradores del ensayo sobre inteligencia y aprendizaje.
La noticia de la compañía rusa comprando periodistas.
Y la guerra de informes de prisioneros de guerra.
...
Y me encuentro tu ensayo en posición top...

¿Será el destino una suerte no esperada?

Releo tu ensayo y confirmo lo que expresé inicialmente.

El amor a la verdad no puede oponerse al amor a la libertad o a otros valores humanos.

Además que la verdad es un concepto personal muy esquivo si no se alinea con los deseos.

Pero así es el mundo real y verdadero... aunque lo manipulen a conveniencia.

Un abrazo cordial Alde.
Muchas gracias dragon_ecu por aportar ideas a este espacio.
Siempre es un honor recibirle.

Saludos
 
Muchas gracias dragon_ecu por aportar ideas a este espacio.
Siempre es un honor recibirle.

Saludos
De pronto estos conceptos te pueden ayudar a profundizar tu estudio.

Leon Festinger observó que los seres humanos sienten una incomodidad psicológica profunda cuando sus creencias chocan con la realidad. Para aliviar esa tensión, el cerebro no suele cambiar la creencia, sino que distorsiona la percepción de la realidad para que se alinee con sus deseos o acciones previas. ("Disonancia Cognitiva" 1957).

A través de experimentos de selección lógica, Peter Cathcart Wason demostró que las personas buscan, interpretan y favorecen activamente la información que confirma sus creencias o deseos preexistentes, ignorando sistemáticamente la evidencia que los contradice. ("Sesgo de Confirmación" 1960).

Friedrich Nietzsche argumentó que no existen "hechos" en sí mismos, sino solo interpretaciones. Según él, la voluntad de poder (nuestros deseos e instintos) es lo que dicta qué consideramos como "verdad". La verdad es una herramienta de la voluntad. ("Perspectivismo" 1887).

Ziva Kunda demostró científicamente que nuestros procesos de razonamiento (lo que creemos que es lógica pura) están sesgados por las metas que queremos alcanzar. Utilizamos procesos cognitivos para llegar a la conclusión que queremos llegar, dándole una apariencia de racionalidad. ("Motivación Razonada" 1990).

Jean-Paul Sartre describe la "mala fe" como el acto de mentirse a uno mismo para escapar de la responsabilidad o de una realidad desagradable. Es el esfuerzo consciente (pero oculto) de adoptar una "verdad" falsa porque la verdadera realidad nos causa angustia. ("Mala Fe" 1943).

En resumidas cuentas la verdad no siempre coincide con la realidad.

Saludos cordiales Alde.
 

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