Antídoto

Monje Mont

Poeta reconocido en el portal
No creas que sólo estar solo me perturba.

Enfrento espectros con tal arsenal de argumentos que me dejan mudo.

El hambre. La enfermedad de los míos.

Cada paso en el conocimiento de mí mismo.

Porque al ver hacia adentro, como pájaro herido, caigo

en los territorios del verbo, que otrora entonaba sus vuelos.


Caigo, también, en los cuerpos que entrañan

una definición incompleta de mí ante el espejo,

y hasta el devenir sustancia de sus nombres y tramas.

E inmolándome, he seguido viviendo.

Descubrí, entonces, que los poetas mentían,

que la luna es un platón de hojalata y el sol un posible final radiactivo.



Tú, no obstante, eres un mundo de lugares calmos, la dársena

donde corren los niños sin un por qué en la mochila,

a descargar las naves que depararon los dados.

Eres el porvenir en la bicicleta roja, sin rebatos,

sin tiempo en las rodillas rotas.

Mi vela en la serenidad de tus mareas amnióticas.

El vientre con las figurillas de barro que encarnan sagradas familias,

cuando las ecuaciones del beso resuelves, sin respetar algoritmos …

Y en las aceras orillas de mar, e hilaridades alrededor de los pies.


Como alguien dijo:

“Si la soledad es un veneno tú eres mi antídoto”.


Recuerdo algunos espíritus que escocían la garganta.

La obscenidad inoculaba a las pesadillas intrínsecas, más pesadillas.

Bajo la cama, bestias de polvo trasbordando

en un camino de hormigas, panes ilícitos.

Y en el entorno, miradas que irradiaban dislates y viejos amigos

con nuevos puñales.


Yo era poco más que un párvulo inmune a diciembres

cantando los villancicos del lobo, y tú, mi probable adultez...,

un aullido y su eco en las colinas del tálamo.

Los perros todavía departían conmigo, y después de muertos

seguían siendo compinches a falta de aliados. Moby-Dick

a veces gritaba que la familia es lo más importante, y que tú,

quien quiera que fueras, valdrías mil veces mi padre.


Hoy, que ya te di alcance, siendo sincero –como paloma

con un mensaje de insurrección en los remos–,

derrotas las olas que en mi mente forjaron mis brazos

cuando ajustaban el orbe a este pequeño refugio.

Y aquí yazgo, pero vuelvo a la vida tarareando tus ingles,

desde esta versión de mí mismo,

forjada en el fragor insensato de creer que estoy vivo.


Y para no cerrar con lugares manidos,

le has dado cuerpo a mi capacidad de asombro, le has dado pecho

a mi fe de niño, y has proveído del mejor de los pubis

a aquellas revistas que habrían sonrojado a mi madre.




 
Última edición:
No creas que sólo estar solo me perturba.

Enfrento espectros con tal arsenal de argumentos que me dejan mudo.

El hambre. La enfermedad de los míos.

Cada paso en el conocimiento de mí mismo.

Porque al ver hacia adentro, como pájaro herido, caigo

en los territorios del verbo, que otrora entonaba sus vuelos.


Caigo, también, en los cuerpos que entrañan

una definición incompleta de mí ante el espejo,

y hasta el devenir sustancia de sus nombres y tramas.

E inmolándome, he seguido viviendo.

Descubrí, entonces, que los poetas mentían,

que la luna es un platón de hojalata y el sol un posible final radiactivo.



Tú, no obstante, eres un mundo de lugares calmos, la dársena

donde corren los niños sin un por qué en la mochila,

a descargar las naves que depararon los dados.

Eres el porvenir en la bicicleta roja, sin rebatos,

sin tiempo en las rodillas rotas.

Mi vela en la serenidad de tus mareas amnióticas.

El vientre con las figurillas de barro que encarnan sagradas familias,

cuando las ecuaciones del beso resuelves, sin respetar algoritmos …

Y en las aceras orillas de mar, e hilaridades alrededor de los pies.


Como alguien dijo:

“Si la soledad es un veneno tú eres mi antídoto”.


Recuerdo algunos espíritus que escocían la garganta.

La obscenidad inoculaba a las pesadillas intrínsecas, más pesadillas.

Bajo la cama, bestias de polvo trasbordando

en un camino de hormigas, panes ilícitos.

Y en el entorno, miradas que irradiaban dislates y viejos amigos

con nuevos puñales.


Yo era poco más que un párvulo inmune a diciembres

cantando los villancicos del lobo, y tú, mi probable adultez...,

un aullido y su eco en las colinas del tálamo.

Los perros todavía departían conmigo, y después de muertos

seguían siendo compinches a falta de aliados. Moby-Dick

a veces gritaba que la familia es lo más importante, y que tú,

quien quiera que fueras, valdrías mil veces mi padre.


Hoy, que ya te di alcance, siendo sincero –como paloma

con un mensaje de insurrección en los remos–,

derrotas las olas que en mi mente forjaron mis brazos

cuando ajustaban el orbe a este pequeño refugio.

Y aquí yazgo, pero vuelvo a la vida tarareando tus ingles,

desde esta versión de mí mismo,

forjada en el fragor insensato de creer que estoy vivo.


Y para no cerrar con lugares manidos,

le has dado cuerpo a mi capacidad de asombro, le has dado pecho

a mi fe de niño, y has proveído del mejor de los pubis

a aquellas revistas que habrían sonrojado a mi madre.



Parece como si te hubiesen tenido amarrado lo cual hizo que aprovecharas de pulir tus expresiones de la mejor manera.
Un abrazo, Monje.
 
No creas que sólo estar solo me perturba.

Enfrento espectros con tal arsenal de argumentos que me dejan mudo.

El hambre. La enfermedad de los míos.

Cada paso en el conocimiento de mí mismo.

Porque al ver hacia adentro, como pájaro herido, caigo

en los territorios del verbo, que otrora entonaba sus vuelos.


Caigo, también, en los cuerpos que entrañan

una definición incompleta de mí ante el espejo,

y hasta el devenir sustancia de sus nombres y tramas.

E inmolándome, he seguido viviendo.

Descubrí, entonces, que los poetas mentían,

que la luna es un platón de hojalata y el sol un posible final radiactivo.



Tú, no obstante, eres un mundo de lugares calmos, la dársena

donde corren los niños sin un por qué en la mochila,

a descargar las naves que depararon los dados.

Eres el porvenir en la bicicleta roja, sin rebatos,

sin tiempo en las rodillas rotas.

Mi vela en la serenidad de tus mareas amnióticas.

El vientre con las figurillas de barro que encarnan sagradas familias,

cuando las ecuaciones del beso resuelves, sin respetar algoritmos …

Y en las aceras orillas de mar, e hilaridades alrededor de los pies.


Como alguien dijo:

“Si la soledad es un veneno tú eres mi antídoto”.


Recuerdo algunos espíritus que escocían la garganta.

La obscenidad inoculaba a las pesadillas intrínsecas, más pesadillas.

Bajo la cama, bestias de polvo trasbordando

en un camino de hormigas, panes ilícitos.

Y en el entorno, miradas que irradiaban dislates y viejos amigos

con nuevos puñales.


Yo era poco más que un párvulo inmune a diciembres

cantando los villancicos del lobo, y tú, mi probable adultez...,

un aullido y su eco en las colinas del tálamo.

Los perros todavía departían conmigo, y después de muertos

seguían siendo compinches a falta de aliados. Moby-Dick

a veces gritaba que la familia es lo más importante, y que tú,

quien quiera que fueras, valdrías mil veces mi padre.


Hoy, que ya te di alcance, siendo sincero –como paloma

con un mensaje de insurrección en los remos–,

derrotas las olas que en mi mente forjaron mis brazos

cuando ajustaban el orbe a este pequeño refugio.

Y aquí yazgo, pero vuelvo a la vida tarareando tus ingles,

desde esta versión de mí mismo,

forjada en el fragor insensato de creer que estoy vivo.


Y para no cerrar con lugares manidos,

le has dado cuerpo a mi capacidad de asombro, le has dado pecho

a mi fe de niño, y has proveído del mejor de los pubis

a aquellas revistas que habrían sonrojado a mi madre.



Uno desfila por tus versos, como por una torrentera de emociones, hay calma y apuro, ocio y pasión, un sentir que roza lo onírico todo elle revestido de lirismo profundo y ansias de amor. Poesía impactante, que no deja indeferente. He disfrutado la lectura. Un abrazo.
 
No creas que sólo estar solo me perturba.

Enfrento espectros con tal arsenal de argumentos que me dejan mudo.

El hambre. La enfermedad de los míos.

Cada paso en el conocimiento de mí mismo.

Porque al ver hacia adentro, como pájaro herido, caigo

en los territorios del verbo, que otrora entonaba sus vuelos.


Caigo, también, en los cuerpos que entrañan

una definición incompleta de mí ante el espejo,

y hasta el devenir sustancia de sus nombres y tramas.

E inmolándome, he seguido viviendo.

Descubrí, entonces, que los poetas mentían,

que la luna es un platón de hojalata y el sol un posible final radiactivo.



Tú, no obstante, eres un mundo de lugares calmos, la dársena

donde corren los niños sin un por qué en la mochila,

a descargar las naves que depararon los dados.

Eres el porvenir en la bicicleta roja, sin rebatos,

sin tiempo en las rodillas rotas.

Mi vela en la serenidad de tus mareas amnióticas.

El vientre con las figurillas de barro que encarnan sagradas familias,

cuando las ecuaciones del beso resuelves, sin respetar algoritmos …

Y en las aceras orillas de mar, e hilaridades alrededor de los pies.


Como alguien dijo:

“Si la soledad es un veneno tú eres mi antídoto”.


Recuerdo algunos espíritus que escocían la garganta.

La obscenidad inoculaba a las pesadillas intrínsecas, más pesadillas.

Bajo la cama, bestias de polvo trasbordando

en un camino de hormigas, panes ilícitos.

Y en el entorno, miradas que irradiaban dislates y viejos amigos

con nuevos puñales.


Yo era poco más que un párvulo inmune a diciembres

cantando los villancicos del lobo, y tú, mi probable adultez...,

un aullido y su eco en las colinas del tálamo.

Los perros todavía departían conmigo, y después de muertos

seguían siendo compinches a falta de aliados. Moby-Dick

a veces gritaba que la familia es lo más importante, y que tú,

quien quiera que fueras, valdrías mil veces mi padre.


Hoy, que ya te di alcance, siendo sincero –como paloma

con un mensaje de insurrección en los remos–,

derrotas las olas que en mi mente forjaron mis brazos

cuando ajustaban el orbe a este pequeño refugio.

Y aquí yazgo, pero vuelvo a la vida tarareando tus ingles,

desde esta versión de mí mismo,

forjada en el fragor insensato de creer que estoy vivo.


Y para no cerrar con lugares manidos,

le has dado cuerpo a mi capacidad de asombro, le has dado pecho

a mi fe de niño, y has proveído del mejor de los pubis

a aquellas revistas que habrían sonrojado a mi madre.



Buenas noches
Que intensas y bonitas, son tus letras.
Un beso
 
Uno desfila por tus versos, como por una torrentera de emociones, hay calma y apuro, ocio y pasión, un sentir que roza lo onírico todo elle revestido de lirismo profundo y ansias de amor. Poesía impactante, que no deja indeferente. He disfrutado la lectura. Un abrazo.
Muchas gracias estimado poeta por tu paso y tu amable comentario. Realmente me alegra que te gustara el poema. Que estés bien. Un abrazo.
 
No creas que sólo estar solo me perturba.

Enfrento espectros con tal arsenal de argumentos que me dejan mudo.

El hambre. La enfermedad de los míos.

Cada paso en el conocimiento de mí mismo.

Porque al ver hacia adentro, como pájaro herido, caigo

en los territorios del verbo, que otrora entonaba sus vuelos.


Caigo, también, en los cuerpos que entrañan

una definición incompleta de mí ante el espejo,

y hasta el devenir sustancia de sus nombres y tramas.

E inmolándome, he seguido viviendo.

Descubrí, entonces, que los poetas mentían,

que la luna es un platón de hojalata y el sol un posible final radiactivo.



Tú, no obstante, eres un mundo de lugares calmos, la dársena

donde corren los niños sin un por qué en la mochila,

a descargar las naves que depararon los dados.

Eres el porvenir en la bicicleta roja, sin rebatos,

sin tiempo en las rodillas rotas.

Mi vela en la serenidad de tus mareas amnióticas.

El vientre con las figurillas de barro que encarnan sagradas familias,

cuando las ecuaciones del beso resuelves, sin respetar algoritmos …

Y en las aceras orillas de mar, e hilaridades alrededor de los pies.


Como alguien dijo:

“Si la soledad es un veneno tú eres mi antídoto”.


Recuerdo algunos espíritus que escocían la garganta.

La obscenidad inoculaba a las pesadillas intrínsecas, más pesadillas.

Bajo la cama, bestias de polvo trasbordando

en un camino de hormigas, panes ilícitos.

Y en el entorno, miradas que irradiaban dislates y viejos amigos

con nuevos puñales.


Yo era poco más que un párvulo inmune a diciembres

cantando los villancicos del lobo, y tú, mi probable adultez...,

un aullido y su eco en las colinas del tálamo.

Los perros todavía departían conmigo, y después de muertos

seguían siendo compinches a falta de aliados. Moby-Dick

a veces gritaba que la familia es lo más importante, y que tú,

quien quiera que fueras, valdrías mil veces mi padre.


Hoy, que ya te di alcance, siendo sincero –como paloma

con un mensaje de insurrección en los remos–,

derrotas las olas que en mi mente forjaron mis brazos

cuando ajustaban el orbe a este pequeño refugio.

Y aquí yazgo, pero vuelvo a la vida tarareando tus ingles,

desde esta versión de mí mismo,

forjada en el fragor insensato de creer que estoy vivo.


Y para no cerrar con lugares manidos,

le has dado cuerpo a mi capacidad de asombro, le has dado pecho

a mi fe de niño, y has proveído del mejor de los pubis

a aquellas revistas que habrían sonrojado a mi madre.




Poesia de fronteras que deja un impacto maximo para aturdir a la indeferencia.
las emociones son riachuelo de cierta calma donde el sentir se apropia de
un roce ensoñador y onirico, buscando como esa profundidad de sentimientos
plenos de lirismo. excelente. saludos y felcidades de luzyabsenta
 
Un profundo y magnífico recorrido por lo que ha sido su vida, experiencias, recuerdos u vivencias que hoy lo llevan a ser quien es...un gran poeta. Excelentes imágenes e impactantes metáforas para dejarnos saber que a pesar de todo es un romántico imperdible. Un poema absolutamente genial. Felicitaciones Monje Mont por está magistral poesía, saludos Daniel.
 
Mucha reflexiòn en tus versos, estimado Monge; y es muy bueno el cuestionarse siempre
porque solo asì podremos alcanzar algùn dìa la verdad de nuestras vidas.
Felicitaciones y recibe mis fraternos saludos:
Pues sí, amigo, tienes toda la razón, no sólo es bueno cuestionarse, sino, es una de las funciones de la conciencia que posee el único ser que conocemos, a ciencia cierta, que es capaz de hacerlo: el ser humano. Muchas gracias por dejar tu huella estimado poeta. Un abrazo.
 
Poesia de fronteras que deja un impacto maximo para aturdir a la indeferencia.
las emociones son riachuelo de cierta calma donde el sentir se apropia de
un roce ensoñador y onirico, buscando como esa profundidad de sentimientos
plenos de lirismo. excelente. saludos y felcidades de luzyabsenta
Te agradezco mucho estimado amigo tus amables y motivadoras palabras. Me alegra que te gustara el poema. Que estés bien. Un abrazo.
 
siendo sincero –como paloma

con un mensaje de insurrección en los remos–,

derrotas las olas que en mi mente forjaron mis brazos

cuando ajustaban el orbe a este pequeño refugio.

Y aquí yazgo, pero vuelvo a la vida tarareando tus ingles,

desde esta versión de mí mismo,

forjada en el fragor insensato de creer que estoy vivo.
Y para no cerrar con lugares manidos,

le has dado cuerpo a mi capacidad de asombro, le has dado pecho

a mi fe de niño, y has proveído del mejor de los pubis

a aquellas revistas que habrían sonrojado a mi madre.

Excelente escrito, Monje, siempre es un gusto leerte. Un abrazo.
 
Un profundo y magnífico recorrido por lo que ha sido su vida, experiencias, recuerdos u vivencias que hoy lo llevan a ser quien es...un gran poeta. Excelentes imágenes e impactantes metáforas para dejarnos saber que a pesar de todo es un romántico imperdible. Un poema absolutamente genial. Felicitaciones Monje Mont por está magistral poesía, saludos Daniel.
De verdad te agradezco mucho, estimado poeta, tu lectura y tu amable y motivador comentario. Un honor contar con tu apoyo. Que estés bien. Un abrazo.
 

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Gracias de todo
corazón por estos 10 años

Con todo el cariño de Mundopoesía

Mundopoesía.com
 

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No creas que sólo estar solo me perturba.

Enfrento espectros con tal arsenal de argumentos que me dejan mudo.

El hambre. La enfermedad de los míos.

Cada paso en el conocimiento de mí mismo.

Porque al ver hacia adentro, como pájaro herido, caigo

en los territorios del verbo, que otrora entonaba sus vuelos.


Caigo, también, en los cuerpos que entrañan

una definición incompleta de mí ante el espejo,

y hasta el devenir sustancia de sus nombres y tramas.

E inmolándome, he seguido viviendo.

Descubrí, entonces, que los poetas mentían,

que la luna es un platón de hojalata y el sol un posible final radiactivo.



Tú, no obstante, eres un mundo de lugares calmos, la dársena

donde corren los niños sin un por qué en la mochila,

a descargar las naves que depararon los dados.

Eres el porvenir en la bicicleta roja, sin rebatos,

sin tiempo en las rodillas rotas.

Mi vela en la serenidad de tus mareas amnióticas.

El vientre con las figurillas de barro que encarnan sagradas familias,

cuando las ecuaciones del beso resuelves, sin respetar algoritmos …

Y en las aceras orillas de mar, e hilaridades alrededor de los pies.


Como alguien dijo:

“Si la soledad es un veneno tú eres mi antídoto”.


Recuerdo algunos espíritus que escocían la garganta.

La obscenidad inoculaba a las pesadillas intrínsecas, más pesadillas.

Bajo la cama, bestias de polvo trasbordando

en un camino de hormigas, panes ilícitos.

Y en el entorno, miradas que irradiaban dislates y viejos amigos

con nuevos puñales.


Yo era poco más que un párvulo inmune a diciembres

cantando los villancicos del lobo, y tú, mi probable adultez...,

un aullido y su eco en las colinas del tálamo.

Los perros todavía departían conmigo, y después de muertos

seguían siendo compinches a falta de aliados. Moby-Dick

a veces gritaba que la familia es lo más importante, y que tú,

quien quiera que fueras, valdrías mil veces mi padre.


Hoy, que ya te di alcance, siendo sincero –como paloma

con un mensaje de insurrección en los remos–,

derrotas las olas que en mi mente forjaron mis brazos

cuando ajustaban el orbe a este pequeño refugio.

Y aquí yazgo, pero vuelvo a la vida tarareando tus ingles,

desde esta versión de mí mismo,

forjada en el fragor insensato de creer que estoy vivo.


Y para no cerrar con lugares manidos,

le has dado cuerpo a mi capacidad de asombro, le has dado pecho

a mi fe de niño, y has proveído del mejor de los pubis

a aquellas revistas que habrían sonrojado a mi madre.



Hermoso poema poeta, saludos desde mi esquina crítica sin libros para darle peso. DESIRE.
 
Solo puedo decir que he leído un poema muy bueno, con el sello de tu estilo inimitable. En un comentario tuyo mencionabas que creías que hay poetas con voz propia y reconocible, para mí tú eres uno de ellos. Felicidades y un abrazo.
Te agradezco mucho, estimado poeta, tus palabras. Creo, sí, que al poeta que depura su arte, conforme avanza lo delatan ciertos rasgos lingüisticos, psicoafectivos y de habilidades y limitaciones dentro de su propio contexto cultural y sus preferencias; que podríamos llamar "voz del poeta" que es diferente a su adherencia a una u otra tendencia poética. Me motiva lo que dices. Un abrazo, amigo.
 
No creas que sólo estar solo me perturba.

Enfrento espectros con tal arsenal de argumentos que me dejan mudo.

El hambre. La enfermedad de los míos.

Cada paso en el conocimiento de mí mismo.

Porque al ver hacia adentro, como pájaro herido, caigo

en los territorios del verbo, que otrora entonaba sus vuelos.


Caigo, también, en los cuerpos que entrañan

una definición incompleta de mí ante el espejo,

y hasta el devenir sustancia de sus nombres y tramas.

E inmolándome, he seguido viviendo.

Descubrí, entonces, que los poetas mentían,

que la luna es un platón de hojalata y el sol un posible final radiactivo.



Tú, no obstante, eres un mundo de lugares calmos, la dársena

donde corren los niños sin un por qué en la mochila,

a descargar las naves que depararon los dados.

Eres el porvenir en la bicicleta roja, sin rebatos,

sin tiempo en las rodillas rotas.

Mi vela en la serenidad de tus mareas amnióticas.

El vientre con las figurillas de barro que encarnan sagradas familias,

cuando las ecuaciones del beso resuelves, sin respetar algoritmos …

Y en las aceras orillas de mar, e hilaridades alrededor de los pies.


Como alguien dijo:

“Si la soledad es un veneno tú eres mi antídoto”.


Recuerdo algunos espíritus que escocían la garganta.

La obscenidad inoculaba a las pesadillas intrínsecas, más pesadillas.

Bajo la cama, bestias de polvo trasbordando

en un camino de hormigas, panes ilícitos.

Y en el entorno, miradas que irradiaban dislates y viejos amigos

con nuevos puñales.


Yo era poco más que un párvulo inmune a diciembres

cantando los villancicos del lobo, y tú, mi probable adultez...,

un aullido y su eco en las colinas del tálamo.

Los perros todavía departían conmigo, y después de muertos

seguían siendo compinches a falta de aliados. Moby-Dick

a veces gritaba que la familia es lo más importante, y que tú,

quien quiera que fueras, valdrías mil veces mi padre.


Hoy, que ya te di alcance, siendo sincero –como paloma

con un mensaje de insurrección en los remos–,

derrotas las olas que en mi mente forjaron mis brazos

cuando ajustaban el orbe a este pequeño refugio.

Y aquí yazgo, pero vuelvo a la vida tarareando tus ingles,

desde esta versión de mí mismo,

forjada en el fragor insensato de creer que estoy vivo.


Y para no cerrar con lugares manidos,

le has dado cuerpo a mi capacidad de asombro, le has dado pecho

a mi fe de niño, y has proveído del mejor de los pubis

a aquellas revistas que habrían sonrojado a mi madre.



Bellisimas letras pone en mí camino grande
Un honor leertlas
Gracias
Un saludo
 
No creas que sólo estar solo me perturba.

Enfrento espectros con tal arsenal de argumentos que me dejan mudo.

El hambre. La enfermedad de los míos.

Cada paso en el conocimiento de mí mismo.

Porque al ver hacia adentro, como pájaro herido, caigo

en los territorios del verbo, que otrora entonaba sus vuelos.


Caigo, también, en los cuerpos que entrañan

una definición incompleta de mí ante el espejo,

y hasta el devenir sustancia de sus nombres y tramas.

E inmolándome, he seguido viviendo.

Descubrí, entonces, que los poetas mentían,

que la luna es un platón de hojalata y el sol un posible final radiactivo.



Tú, no obstante, eres un mundo de lugares calmos, la dársena

donde corren los niños sin un por qué en la mochila,

a descargar las naves que depararon los dados.

Eres el porvenir en la bicicleta roja, sin rebatos,

sin tiempo en las rodillas rotas.

Mi vela en la serenidad de tus mareas amnióticas.

El vientre con las figurillas de barro que encarnan sagradas familias,

cuando las ecuaciones del beso resuelves, sin respetar algoritmos …

Y en las aceras orillas de mar, e hilaridades alrededor de los pies.


Como alguien dijo:

“Si la soledad es un veneno tú eres mi antídoto”.


Recuerdo algunos espíritus que escocían la garganta.

La obscenidad inoculaba a las pesadillas intrínsecas, más pesadillas.

Bajo la cama, bestias de polvo trasbordando

en un camino de hormigas, panes ilícitos.

Y en el entorno, miradas que irradiaban dislates y viejos amigos

con nuevos puñales.


Yo era poco más que un párvulo inmune a diciembres

cantando los villancicos del lobo, y tú, mi probable adultez...,

un aullido y su eco en las colinas del tálamo.

Los perros todavía departían conmigo, y después de muertos

seguían siendo compinches a falta de aliados. Moby-Dick

a veces gritaba que la familia es lo más importante, y que tú,

quien quiera que fueras, valdrías mil veces mi padre.


Hoy, que ya te di alcance, siendo sincero –como paloma

con un mensaje de insurrección en los remos–,

derrotas las olas que en mi mente forjaron mis brazos

cuando ajustaban el orbe a este pequeño refugio.

Y aquí yazgo, pero vuelvo a la vida tarareando tus ingles,

desde esta versión de mí mismo,

forjada en el fragor insensato de creer que estoy vivo.


Y para no cerrar con lugares manidos,

le has dado cuerpo a mi capacidad de asombro, le has dado pecho

a mi fe de niño, y has proveído del mejor de los pubis

a aquellas revistas que habrían sonrojado a mi madre.



Hermoso poema. Deleite leerte.
Saludos.
 

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