Ángelo Gamo
Poeta recién llegado
Te espero sobre el faro donde se alza la memoria,
siendo vigía de las olas que saben de tus descuidos,
que ayer fue terreno baldío, más por ti hoy un descanso
de tus largos y lejanos viajes.
Ven, sobre los recuerdos de cielos pasteles y cintas doradas,
si eres bruma, golpea mis ventanas con el frío de tu aliento,
que las mañanas arrastran la derrota de valientes hombres
y las gaviotas han sido testigos de cientos de funerales.
Pregunta por mí en las húmedas calles de tu región,
que he sido cual loco buscándote en las esquinas
y una pesquisa que se rehúsa de cuerpo a olvidarte.
No te olvides de contestar, si aún recuerdas donde vivo,
mis labios partidos por la sal de las aguas se niegan
a olvidar tu claroscuro nombre.
Yo estaré murmurando esas canciones nuestras
al pie de nuestras calles, nuestro mar, nuestro tiempo
repitiendo que no me duele, no me duele, no me duele.
siendo vigía de las olas que saben de tus descuidos,
que ayer fue terreno baldío, más por ti hoy un descanso
de tus largos y lejanos viajes.
Ven, sobre los recuerdos de cielos pasteles y cintas doradas,
si eres bruma, golpea mis ventanas con el frío de tu aliento,
que las mañanas arrastran la derrota de valientes hombres
y las gaviotas han sido testigos de cientos de funerales.
Pregunta por mí en las húmedas calles de tu región,
que he sido cual loco buscándote en las esquinas
y una pesquisa que se rehúsa de cuerpo a olvidarte.
No te olvides de contestar, si aún recuerdas donde vivo,
mis labios partidos por la sal de las aguas se niegan
a olvidar tu claroscuro nombre.
Yo estaré murmurando esas canciones nuestras
al pie de nuestras calles, nuestro mar, nuestro tiempo
repitiendo que no me duele, no me duele, no me duele.