Pon pausa en tu botón de tal prejuicio
y haz gárgaras mentales justo ahora
que el vacío legal sin un resquicio
da carta blanca a tu predecesora.
Tu tímida visión tornó en un vicio
que se extiende con gigabytes por hora
en tu supuesto afán de buen servicio
y un mínimo de comprensión lectora.
Aquí no se ha firmado ningún pacto
pero hay reglas de un juego ya obsoleto
que le dan un sentido a este contacto.
¿Quién quiere ser tratado como objeto?
Quemarse las pestañas es un acto
que exige al menos algo de respeto.