musador
esperando...
Malditos los recuerdos
que asaltan mi mañana,
gazapos de la noche
que esfuman con su bruma la alborada.
De todas las tristezas
es la de los fantasmas
la que asola mi día
con la calma del viento que se agacha.
Los amores remotos
me envuelven en sus ansias,
perdidos los placeres
entre angustias marchitas en sus ramas.
Revivo los tormentos
ardientes de la infancia
con alas de palomas
en vuelos al refugio tras las gárgolas.
Mi madre está tan muerta
por cómplice del alba
enredada en sus manos...:
hechizos de ternuras enterradas.
Maldigo los recuerdos
que ensucian con su saña
el cantar de las aves
que despierta al presente esta mañana.
Nota. estas estrofas combinando el metro italiano con la rima del romance fueron ideadas por Pedro Espinosa (1578-1650) y bastante usadas en el barroco tardío.
Valgan de ejemplo estas, tan características del estilo de su autora, sor Juana Inés de la Cruz:
Mi rey, dice el vasallo;
mi cárcel, dice el preso;
y el más humilde esclavo,
sin agraviarlo, llama suyo al dueño.
Así, cuando yo mía
te llamo, no pretendo
que juzguen que eres mía,
sino sólo que yo ser tuya quiero.
que asaltan mi mañana,
gazapos de la noche
que esfuman con su bruma la alborada.
De todas las tristezas
es la de los fantasmas
la que asola mi día
con la calma del viento que se agacha.
Los amores remotos
me envuelven en sus ansias,
perdidos los placeres
entre angustias marchitas en sus ramas.
Revivo los tormentos
ardientes de la infancia
con alas de palomas
en vuelos al refugio tras las gárgolas.
Mi madre está tan muerta
por cómplice del alba
enredada en sus manos...:
hechizos de ternuras enterradas.
Maldigo los recuerdos
que ensucian con su saña
el cantar de las aves
que despierta al presente esta mañana.
Nota. estas estrofas combinando el metro italiano con la rima del romance fueron ideadas por Pedro Espinosa (1578-1650) y bastante usadas en el barroco tardío.
Valgan de ejemplo estas, tan características del estilo de su autora, sor Juana Inés de la Cruz:
Mi rey, dice el vasallo;
mi cárcel, dice el preso;
y el más humilde esclavo,
sin agraviarlo, llama suyo al dueño.
Así, cuando yo mía
te llamo, no pretendo
que juzguen que eres mía,
sino sólo que yo ser tuya quiero.
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