Reflexión.
Leí tanto que mi espíritu se ha cansado
y sólo descubrí en escritos con nombre
optimismo vacío, pesimismo disfrazado,
y en la letra divina, enredos del hombre.
Estoy por una forzada soledad rodeado
y dado que no es fácil mirar al pasado
u observar el futuro sin prever su pesar,
cual niño intenté eludirla para no pensar.
Falló la tentativa porque tenía que fallar,
pues existir es cuestionar rutinariamente
y a veces se hace con el temor de hallar
aquello que no quiere entender la mente.
No pude evitar mirar el interior de mi alma
aunque la oculté y saturé de sensaciones,
humo y alimento, placer y ricas libaciones,
veo lo que no quería ver y huye mi calma.
Avancé, retrocedí, el orbe también me reto,
se diluyó mi fuerza ante lo injusto y su mal,
pocas veces, creí ver luz y del túnel el final,
más eran destellos y lo oscuro puso veto.
Localicé nostalgia, dolor, vacío abdominal,
fue, cual aparentaba, un grito destrozando
ese todo que apacigua esa inconformidad
que rodea una llama que se va apagando.
Hoy que en mi fortaleza penetró el miedo,
me cuestiono aislado, no dejo que se vea,
intento con mi cobardía hacer un remedo,
busco valor y afrontar su connotación fea.
Es cierto, tanto batallo y a la vez me rindo,
que lo interno rómpese en contradicciones,
me esfuerzo por purificarme, luego brindo,
me sumerjo al éxtasis de mis disfunciones.
Sólo ante la necesidad de quienes quiero,
encuentro, para satisfacerla, más fuerzas,
para impedir que sufran, energía requiero
y peleo y si caigo, me enderezo a fuerzas.
Sé que en cualquier lucha el tiempo gana,
mi existencia es un respiro a la eternidad
acabará cuando la vida ceda a la fatalidad
y el alma del cuerpo se separe a desgana.
Mas no importa el breve tiempo, he vivido,
amé, no sé si más de lo que me quisieron,
y cuando ese instante llegue, habré reído
y hecho algo más de lo que otros hicieron.
Leí tanto que mi espíritu se ha cansado
y sólo descubrí en escritos con nombre
optimismo vacío, pesimismo disfrazado,
y en la letra divina, enredos del hombre.
Estoy por una forzada soledad rodeado
y dado que no es fácil mirar al pasado
u observar el futuro sin prever su pesar,
cual niño intenté eludirla para no pensar.
Falló la tentativa porque tenía que fallar,
pues existir es cuestionar rutinariamente
y a veces se hace con el temor de hallar
aquello que no quiere entender la mente.
No pude evitar mirar el interior de mi alma
aunque la oculté y saturé de sensaciones,
humo y alimento, placer y ricas libaciones,
veo lo que no quería ver y huye mi calma.
Avancé, retrocedí, el orbe también me reto,
se diluyó mi fuerza ante lo injusto y su mal,
pocas veces, creí ver luz y del túnel el final,
más eran destellos y lo oscuro puso veto.
Localicé nostalgia, dolor, vacío abdominal,
fue, cual aparentaba, un grito destrozando
ese todo que apacigua esa inconformidad
que rodea una llama que se va apagando.
Hoy que en mi fortaleza penetró el miedo,
me cuestiono aislado, no dejo que se vea,
intento con mi cobardía hacer un remedo,
busco valor y afrontar su connotación fea.
Es cierto, tanto batallo y a la vez me rindo,
que lo interno rómpese en contradicciones,
me esfuerzo por purificarme, luego brindo,
me sumerjo al éxtasis de mis disfunciones.
Sólo ante la necesidad de quienes quiero,
encuentro, para satisfacerla, más fuerzas,
para impedir que sufran, energía requiero
y peleo y si caigo, me enderezo a fuerzas.
Sé que en cualquier lucha el tiempo gana,
mi existencia es un respiro a la eternidad
acabará cuando la vida ceda a la fatalidad
y el alma del cuerpo se separe a desgana.
Mas no importa el breve tiempo, he vivido,
amé, no sé si más de lo que me quisieron,
y cuando ese instante llegue, habré reído
y hecho algo más de lo que otros hicieron.
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