a Mario Benedetti
Soy el muerto,
despojos;
polvo iridiscente ahorcado a la luz de los crepúsculos,
el que junta palabras de una tristeza muda en tus oídos,
como junta el viento variopinto de Mendoza
las secas hojas citadinas del otoño.
No mires mi corazón,
mi corazón de brújula perdida;
porque su sangre de escasa tinta ocre,
verde,
cómo el musgo del olvido,
corre en paralelas venas,
inútil,
como la fe
de los suicidas.
! Oh, amor ¡,
de pies pequeños,
efímeras
mariposas
que golpean el prístino cristal del tiempo.
Tus pies,
ovillos de blanca lana blanda
en la espera áspera del silencio
son ovejas para el sueño
de un niño que no duerme.
La mañana de estío tragó la última flor de nuestra pasada primavera cuando caminabas por la pieza buscando la claridad de la ventana crispando la piel y la mirada. No supe retenerte; entre la lengua y el paladar tu nombre se había perdido. Encendí, tal vez, el último cigarrillo, cerré los párpados, las pestañas de mis ojos borraron el espacio circular en la habitación vacía.
Te habías ido.
¿No sé cómo llegar, allí, dónde tú estés?
! Oh, ausente ¡
! Oh, silenciosa ¡
! Oh, nostalgia mía ¡
Eres la soledad plena,
la llama de las velas que en la capilla ardiente de mi alma dejan su adiós de piedra,
la arena impostergable del tiempo quieto,
el profundo mar donde todo se hunde con el peso imposible de los años,
donde los peces implacables del destino picotean la salobre carnada de las lágrimas.
Mi corazón se acostumbró al dolor,
mi corazón de hojas muertas,
las que los viejos queman al borde del camino,
mi corazón es el que lleva de la mano el frío viento amarillento del otoño.
Y tú…
tu corazón:
tu hermoso corazón,
tu luminoso corazón,
tu gallardo corazón cobarde.
Ese corazón coraza
mi amor,
es el corazón que ya no espera.
Soy el muerto,
despojos;
polvo iridiscente ahorcado a la luz de los crepúsculos,
el que junta palabras de una tristeza muda en tus oídos,
como junta el viento variopinto de Mendoza
las secas hojas citadinas del otoño.
No mires mi corazón,
mi corazón de brújula perdida;
porque su sangre de escasa tinta ocre,
verde,
cómo el musgo del olvido,
corre en paralelas venas,
inútil,
como la fe
de los suicidas.
! Oh, amor ¡,
de pies pequeños,
efímeras
mariposas
que golpean el prístino cristal del tiempo.
Tus pies,
ovillos de blanca lana blanda
en la espera áspera del silencio
son ovejas para el sueño
de un niño que no duerme.
La mañana de estío tragó la última flor de nuestra pasada primavera cuando caminabas por la pieza buscando la claridad de la ventana crispando la piel y la mirada. No supe retenerte; entre la lengua y el paladar tu nombre se había perdido. Encendí, tal vez, el último cigarrillo, cerré los párpados, las pestañas de mis ojos borraron el espacio circular en la habitación vacía.
Te habías ido.
¿No sé cómo llegar, allí, dónde tú estés?
! Oh, ausente ¡
! Oh, silenciosa ¡
! Oh, nostalgia mía ¡
Eres la soledad plena,
la llama de las velas que en la capilla ardiente de mi alma dejan su adiós de piedra,
la arena impostergable del tiempo quieto,
el profundo mar donde todo se hunde con el peso imposible de los años,
donde los peces implacables del destino picotean la salobre carnada de las lágrimas.
Mi corazón se acostumbró al dolor,
mi corazón de hojas muertas,
las que los viejos queman al borde del camino,
mi corazón es el que lleva de la mano el frío viento amarillento del otoño.
Y tú…
tu corazón:
tu hermoso corazón,
tu luminoso corazón,
tu gallardo corazón cobarde.
Ese corazón coraza
mi amor,
es el corazón que ya no espera.
sábado 16526.
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no sé porque el otoño es tan nostalgioso acá en Mendoza es frio y amarrillo y aunque está prohibido hacer fuego en la calle algunos todavía queman las hojas y toda la ciudad tiene olor a humo parece que no terminara de fumar un eterno cigarrillo. Besos para usted bella
como diría en ninja poeta, la nostalgia es un país donde se vive siempre vestido de gris y a usted bella niña le quedan bien todos los colores.
oh no!!