Quemar las naves.

Gustavo Cavicchia

Gus
Mecenas
a Mario Benedetti

Soy el muerto,
despojos;
polvo iridiscente ahorcado a la luz de los crepúsculos,
el que junta palabras de una tristeza muda en tus oídos,
como junta el viento variopinto de Mendoza
las secas hojas citadinas del otoño.

No mires mi corazón,
mi corazón de brújula perdida;
porque su sangre de escasa tinta ocre,
verde,
cómo el musgo del olvido,
corre en paralelas venas,
inútil,
como la fe
de los suicidas.

! Oh, amor ¡,
de pies pequeños,
efímeras
mariposas
que golpean el prístino cristal del tiempo.

Tus pies,
ovillos de blanca lana blanda
en la espera áspera del silencio
son ovejas para el sueño
de un niño que no duerme.

La mañana de estío tragó la última flor de nuestra pasada primavera cuando caminabas por la pieza buscando la claridad de la ventana crispando la piel y la mirada. No supe retenerte; entre la lengua y el paladar tu nombre se había perdido. Encendí, tal vez, el último cigarrillo, cerré los párpados, las pestañas de mis ojos borraron el espacio circular en la habitación vacía.

Te habías ido.

¿No sé cómo llegar, allí, dónde tú estés?

! Oh, ausente ¡
! Oh, silenciosa ¡
! Oh, nostalgia mía ¡

Eres la soledad plena,

la llama de las velas que en la capilla ardiente de mi alma dejan su adiós de piedra,
la arena impostergable del tiempo quieto,
el profundo mar donde todo se hunde con el peso imposible de los años,
donde los peces implacables del destino picotean la salobre carnada de las lágrimas.

Mi corazón se acostumbró al dolor,
mi corazón de hojas muertas,
las que los viejos queman al borde del camino,
mi corazón es el que lleva de la mano el frío viento amarillento del otoño.

Y tú…
tu corazón:

tu hermoso corazón,
tu luminoso corazón,
tu gallardo corazón cobarde.

Ese corazón coraza
mi amor,
es el corazón que ya no espera.

sábado 16526.

 

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Última edición:
Yo soy así, escucho música, escribo un poema,​
dejó que el día pase insujetable como el agua.​
Como el agua de las acequias empedradas de Mayor Drummond .​
gus c.
La palabra canta en el bosque, en la rama, en su hoja desnuda se viste el benteveo de árbol sonoro.​
Golem.
Soy el poeta, el doliente.​
Nacida de la palma de mi mano la flor nocturnal de los sueños​
preña el mundo de poesía...​
de entreparentesis.



Soy el muerto,
lo diáfano, lo abandonado, lo que se quema,
el polvo iridiscente ahorcado en la luz del crepúsculo,
el que junta palabras de una tristeza sola
como junta el viento indistintas hojas secas
en el otoño citadino de Mendoza.

Soy lo que fue.

No mires mi corazón,
mi corazón de brújula perdida,
porque su sangre de escasa tinta ocre
corre en paralelas venas,

verde cómo el musgo del olvido,

inútil
como la fe
de los suicidas.​

Oh, amor,
de pies pequeños
como
efímeras mariposas
golpeando el prístino cristal del tiempo.

Tus pies,
ovillos de blanca lana blanda
en la espera áspera del silencio,
ovejas de mis sueños
de un niño que no duerme.​

La mañana de estío trago la única flor de nuestra pasada primavera cuando caminando por nuestra pieza, nerviosa, buscando la luz de la ventana. Yo no sabía cómo llamarte; entre mi paladar y mi lengua tu nombre se había perdido. Enciendo el último cigarrillo que tengo, entrecierro los párpados y las pestañas de mis ojos borran el espacio que me rodea en esta habitación vacía.​

¿No sé cómo llamar, allí, dónde estes?​

Oh, silenciosa.
Oh, nostalgia mía:
eres mi soledad,

la luz que en la capilla ardiente de mi alma deja su adiós de piedra,
la arena impostergable del tiempo,
el profundo mar donde todo se hunde con el peso imposible de los años,
donde los peces implacables del destino picotean la salobre carnada de las lágrimas.​

Y ...​

mi corazón se acostumbró al dolor,
mi corazón
de hojas muertas,

las que los viejos queman al borde de la calle.

A mi corazón se lo lleva de la mano el frío viento amarillo
del otoño.

Y…​

tu corazón,
tu hermoso corazón,
tu maravilloso corazón,
tu luminoso corazón

mi amor

ya no me espera.​


sábado 16526.​
Así es, y sucede, nos lamentamos por la ausencia de un amor que ya no nos espera, dejando tras de sí un corazón acostumbrado al dolor y a la soledad.


Le envío un saludo desde mi humilde Habana
 
a Mario Benedetti

Soy el muerto,
despojos;
polvo iridiscente ahorcado a la luz de los crepúsculos,
el que junta palabras de una tristeza muda en tus oídos,
como junta el viento variopinto de Mendoza
las secas hojas citadinas del otoño.

No mires mi corazón,
mi corazón de brújula perdida;
porque su sangre de escasa tinta ocre,
verde,
cómo el musgo del olvido,
corre en paralelas venas,
inútil,
como la fe
de los suicidas.

! Oh, amor ¡,
de pies pequeños,
efímeras
mariposas
que golpean el prístino cristal del tiempo.

Tus pies,
ovillos de blanca lana blanda
en la espera áspera del silencio
son ovejas para el sueño
de un niño que no duerme.

La mañana de estío trago la única flor de nuestra pasada primavera cuando caminabas por la pieza buscando la claridad de la ventana crispando la piel y la mirada. No supe retenerte; entre la lengua y el paladar tu nombre se había perdido. Encendí, tal vez, el último cigarrillo, cerré los párpados, las pestañas de mis ojos borraron el espacio circular en la habitación vacía.

Te habías ido.

¿No sé cómo llegar, allí, dónde tú estés?

! Oh, ausente ¡
! Oh, silenciosa ¡
! Oh, nostalgia mía ¡

Eres la soledad plena,

la llama de las velas que en la capilla ardiente de mi alma dejan su adiós de piedra,
la arena impostergable del tiempo quieto,
el profundo mar donde todo se hunde con el peso imposible de los años,
donde los peces implacables del destino picotean la salobre carnada de las lágrimas.

Mi corazón se acostumbró al dolor,
mi corazón de hojas muertas,
las que los viejos queman al borde del camino,
mi corazón es el que lleva de la mano el frío viento amarillento del otoño.

Y tú…
tu corazón:

tu hermoso corazón,
tu luminoso corazón,
tu gallardo corazón cobarde.

Ese corazón coraza
mi amor,
es el corazón que ya no espera.

sábado 16526.

Por qué será que el hermoso otoño trae tanta nostalgia estimado poeta? Grato leerle, especialmente si va dedicado a tan magno poeta . Saludos cordiales
 
Por qué será que el hermoso otoño trae tanta nostalgia estimado poeta? Grato leerle, especialmente si va dedicado a tan magno poeta . Saludos cordiales
:pensando: no sé porque el otoño es tan nostalgioso acá en Mendoza es frio y amarrillo y aunque está prohibido hacer fuego en la calle algunos todavía queman las hojas y toda la ciudad tiene olor a humo parece que no terminara de fumar un eterno cigarrillo. Besos para usted bella @bristy
 
Bella @bristy quedaría mal si usara quemar las naves y corazón coraza sin citar a Benedetti gracias por su comentario. Hoy cocino galletas en su hermosa cocina? Muchos saludos hasta donde usted este ;)
Cierto, tiene razón. ahh justamente hoy hice empanaditas después de mucho tiempo :) Mis saludos de nuevo desde este lluvioso puerto Rotterdam
 
a Mario Benedetti

Soy el muerto,
despojos;
polvo iridiscente ahorcado a la luz de los crepúsculos,
el que junta palabras de una tristeza muda en tus oídos,
como junta el viento variopinto de Mendoza
las secas hojas citadinas del otoño.

No mires mi corazón,
mi corazón de brújula perdida;
porque su sangre de escasa tinta ocre,
verde,
cómo el musgo del olvido,
corre en paralelas venas,
inútil,
como la fe
de los suicidas.

! Oh, amor ¡,
de pies pequeños,
efímeras
mariposas
que golpean el prístino cristal del tiempo.

Tus pies,
ovillos de blanca lana blanda
en la espera áspera del silencio
son ovejas para el sueño
de un niño que no duerme.

La mañana de estío trago la única flor de nuestra pasada primavera cuando caminabas por la pieza buscando la claridad de la ventana crispando la piel y la mirada. No supe retenerte; entre la lengua y el paladar tu nombre se había perdido. Encendí, tal vez, el último cigarrillo, cerré los párpados, las pestañas de mis ojos borraron el espacio circular en la habitación vacía.

Te habías ido.

¿No sé cómo llegar, allí, dónde tú estés?

! Oh, ausente ¡
! Oh, silenciosa ¡
! Oh, nostalgia mía ¡

Eres la soledad plena,

la llama de las velas que en la capilla ardiente de mi alma dejan su adiós de piedra,
la arena impostergable del tiempo quieto,
el profundo mar donde todo se hunde con el peso imposible de los años,
donde los peces implacables del destino picotean la salobre carnada de las lágrimas.

Mi corazón se acostumbró al dolor,
mi corazón de hojas muertas,
las que los viejos queman al borde del camino,
mi corazón es el que lleva de la mano el frío viento amarillento del otoño.

Y tú…
tu corazón:

tu hermoso corazón,
tu luminoso corazón,
tu gallardo corazón cobarde.

Ese corazón coraza
mi amor,
es el corazón que ya no espera.

sábado 16526.



Qué decir! Es un poemazo, Don Gustavo. Y un placer escuchar a Benedetti recitar.

Abrazo, compañero.
 
a Mario Benedetti

Soy el muerto,
despojos;
polvo iridiscente ahorcado a la luz de los crepúsculos,
el que junta palabras de una tristeza muda en tus oídos,
como junta el viento variopinto de Mendoza
las secas hojas citadinas del otoño.

No mires mi corazón,
mi corazón de brújula perdida;
porque su sangre de escasa tinta ocre,
verde,
cómo el musgo del olvido,
corre en paralelas venas,
inútil,
como la fe
de los suicidas.

! Oh, amor ¡,
de pies pequeños,
efímeras
mariposas
que golpean el prístino cristal del tiempo.

Tus pies,
ovillos de blanca lana blanda
en la espera áspera del silencio
son ovejas para el sueño
de un niño que no duerme.

La mañana de estío trago la única flor de nuestra pasada primavera cuando caminabas por la pieza buscando la claridad de la ventana crispando la piel y la mirada. No supe retenerte; entre la lengua y el paladar tu nombre se había perdido. Encendí, tal vez, el último cigarrillo, cerré los párpados, las pestañas de mis ojos borraron el espacio circular en la habitación vacía.

Te habías ido.

¿No sé cómo llegar, allí, dónde tú estés?

! Oh, ausente ¡
! Oh, silenciosa ¡
! Oh, nostalgia mía ¡

Eres la soledad plena,

la llama de las velas que en la capilla ardiente de mi alma dejan su adiós de piedra,
la arena impostergable del tiempo quieto,
el profundo mar donde todo se hunde con el peso imposible de los años,
donde los peces implacables del destino picotean la salobre carnada de las lágrimas.

Mi corazón se acostumbró al dolor,
mi corazón de hojas muertas,
las que los viejos queman al borde del camino,
mi corazón es el que lleva de la mano el frío viento amarillento del otoño.

Y tú…
tu corazón:

tu hermoso corazón,
tu luminoso corazón,
tu gallardo corazón cobarde.

Ese corazón coraza
mi amor,
es el corazón que ya no espera.

sábado 16526.

Viene el otoño vestido de nostalgias, de esa tristeza suave que nos atenaza el corazón y deja un rastro de ilusiones caídas, como los desperdigados montones de hojas que pueblan el suelo.
Y entonces el poeta tiene que cantar lo que lleva en el corazón.
Un cordial saludo.
 
a Mario Benedetti

Soy el muerto,
despojos;
polvo iridiscente ahorcado a la luz de los crepúsculos,
el que junta palabras de una tristeza muda en tus oídos,
como junta el viento variopinto de Mendoza
las secas hojas citadinas del otoño.

No mires mi corazón,
mi corazón de brújula perdida;
porque su sangre de escasa tinta ocre,
verde,
cómo el musgo del olvido,
corre en paralelas venas,
inútil,
como la fe
de los suicidas.

! Oh, amor ¡,
de pies pequeños,
efímeras
mariposas
que golpean el prístino cristal del tiempo.

Tus pies,
ovillos de blanca lana blanda
en la espera áspera del silencio
son ovejas para el sueño
de un niño que no duerme.

La mañana de estío trago la única flor de nuestra pasada primavera cuando caminabas por la pieza buscando la claridad de la ventana crispando la piel y la mirada. No supe retenerte; entre la lengua y el paladar tu nombre se había perdido. Encendí, tal vez, el último cigarrillo, cerré los párpados, las pestañas de mis ojos borraron el espacio circular en la habitación vacía.

Te habías ido.

¿No sé cómo llegar, allí, dónde tú estés?

! Oh, ausente ¡
! Oh, silenciosa ¡
! Oh, nostalgia mía ¡

Eres la soledad plena,

la llama de las velas que en la capilla ardiente de mi alma dejan su adiós de piedra,
la arena impostergable del tiempo quieto,
el profundo mar donde todo se hunde con el peso imposible de los años,
donde los peces implacables del destino picotean la salobre carnada de las lágrimas.

Mi corazón se acostumbró al dolor,
mi corazón de hojas muertas,
las que los viejos queman al borde del camino,
mi corazón es el que lleva de la mano el frío viento amarillento del otoño.

Y tú…
tu corazón:

tu hermoso corazón,
tu luminoso corazón,
tu gallardo corazón cobarde.

Ese corazón coraza
mi amor,
es el corazón que ya no espera.

sábado 16526.

Un gran poema, Gustavo, pletórico de imágenes preciosas.
Qué entrañable es don Mario, no es raro que te provoque éstas inspiraciones.
Un gusto pasar por aquí. Abrazo compadre.

Pd.¿ Trago o trajo?
 
Un gran poema, Gustavo, pletórico de imágenes preciosas.
Qué entrañable es don Mario, no es raro que te provoque éstas inspiraciones.
Un gusto pasar por aquí. Abrazo compadre.

Pd.¿ Trago o trajo?
Gracias por pasar amigo @Riolita y por comentar sobre el poeta de tu bello país. Es un verbo tragar digamos que la mañana de verano se tragó la flor no sé si lleva acento acá el corrector me la pone con acento ya lo voy a cambiar. Un abrazo
 

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