No todos los hombres reconocen que la fidelidad y la justicia son principios.
Y si los filósofos modernos que han tratado de sacudirse la Jerigonza de las escuelas y de hablar inteligiblemente no han tenido
tampoco mejor éxito en sus intentos de definir ideas, aquí expongo las mías.
Pero para saber si existen unos principios en que todos los hombres concuerden, me atengo a la sentencia de cualquiera medianamente versado en la historia de la humanidad, y que se haya asomado más allá del humo que desprende su propia chimenea.
Dónde está esa verdad práctica que sea universalmente recibida sin dudas ni reparos, cómo debería serlo?
La justicia y el cumplimiento de los contratos es algo en que la mayoria de los hombres parecen estar de acuerdo.
Es éste un principio que se supone tiene aplicación hasta en las cuevas de los
bandidos y en las confederaciones de los mayores malvados, y hasta los que han llegado al extremo de repudiar los sentimientos mismos de humanidad, guardan entre sí la palabra y observan reglas de justicia.
Admito que muchos se comportan así en sus tratos, pero no por haber recibido esos principios como leyes de la naturaleza: los observan como reglas de propia conveniencia en el seno de sus comunidades, porque es imposible concebir que admite la justicia como principio práctico quien obra rectamente
con su compañero de fechorías y, al mismo tiempo, despoja o mata al primer hombre honrado que encuentra.
La justicia y la fidelidad son los vínculos comunes de la sociedad, y por esa razón
hasta los políticos y los ladrones, que han roto con todo el resto del mundo, tienen que guardar la palabra y observar entre sí reglas de equidad, pues de lo contrario no podrían mantenerse unidos.
Pero sé que habrá alguien que ose decir que quienes viven del fraude y la rapiña tienen principios de fidelidad y de justicia que aceptan y consienten?
Sólo decirle: que siempre he pensado que las acciones de los hombres son los mejores intérpretes de sus pensamientos.
JL
Y si los filósofos modernos que han tratado de sacudirse la Jerigonza de las escuelas y de hablar inteligiblemente no han tenido
tampoco mejor éxito en sus intentos de definir ideas, aquí expongo las mías.
Pero para saber si existen unos principios en que todos los hombres concuerden, me atengo a la sentencia de cualquiera medianamente versado en la historia de la humanidad, y que se haya asomado más allá del humo que desprende su propia chimenea.
Dónde está esa verdad práctica que sea universalmente recibida sin dudas ni reparos, cómo debería serlo?
La justicia y el cumplimiento de los contratos es algo en que la mayoria de los hombres parecen estar de acuerdo.
Es éste un principio que se supone tiene aplicación hasta en las cuevas de los
bandidos y en las confederaciones de los mayores malvados, y hasta los que han llegado al extremo de repudiar los sentimientos mismos de humanidad, guardan entre sí la palabra y observan reglas de justicia.
Admito que muchos se comportan así en sus tratos, pero no por haber recibido esos principios como leyes de la naturaleza: los observan como reglas de propia conveniencia en el seno de sus comunidades, porque es imposible concebir que admite la justicia como principio práctico quien obra rectamente
con su compañero de fechorías y, al mismo tiempo, despoja o mata al primer hombre honrado que encuentra.
La justicia y la fidelidad son los vínculos comunes de la sociedad, y por esa razón
hasta los políticos y los ladrones, que han roto con todo el resto del mundo, tienen que guardar la palabra y observar entre sí reglas de equidad, pues de lo contrario no podrían mantenerse unidos.
Pero sé que habrá alguien que ose decir que quienes viven del fraude y la rapiña tienen principios de fidelidad y de justicia que aceptan y consienten?
Sólo decirle: que siempre he pensado que las acciones de los hombres son los mejores intérpretes de sus pensamientos.
JL